PRÓLOGO



El Programa de Calidad de la Educación Médica de la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, AMFEM, está conformado a partir de dos grandes bloques que, a su vez, constituyen las dos fases del proceso de calidad planteado por la Asociación. El primero de ellos es el Sistema Nacional de Acreditación, SNA, que consiste, de manera fundamental, en un conjunto de normas académicas, técnicas y administrativas que tiene como propósitos intermedios regular, orientar y conducir la educación médica impartida en las escuelas y facultades de México, a través de los cauces de la calidad y la excelencia educativas y, de esa forma, lograr la acreditación de las escuelas y facultades de medicina del país.

Con la acreditación se completa la primera fase del proceso de calidad y se da inicio al Programa de Desarrollo Académico, PDA, que establece una serie de recomendaciones para las escuelas y facultades. Llevándolas a cabo, las instituciones alcanzarán mejores niveles educativos una vez acreditadas. Para las instituciones que no obtengan la acreditación, la Asociación también elaborará, dentro del PDA, un paquete específico de recomendaciones que, una vez realizadas, les permitirá obtener la acreditación y, posteriormente, continuar con el mejoramiento permanente de sus niveles educativos; de esa manera se cerrará un ciclo de calidad y se iniciará otro en un nivel superior.


Antecedentes
El primer modelo de acreditación de la educación médica mexicana durante el siglo XX fue promovida desde Estados Unidos a través de los lineamientos establecidos por Abraham Flexner en su histórico informe de 1910. Julio Frenk resume el Informe Flexner en los siguientes puntos:

  1. La atención médica debe basarse en el conocimiento de las ciencias biomédicas.
  2. Sólo las escuelas de alta calificación deben ser acreditadas para formar médicos.
  3. Las escuelas aprobadas deben privilegiar la educación en laboratorios y en la experiencia clínica.
  4. Las escuelas sin la calidad necesaria deben ser cerradas.
  5. Las escuelas deben estar afiliadas a universidades.

Puede observarse que los efectos de los lineamientos flexnerianos afectaron dos grandes aspectos: por un lado, inscribieron la enseñanza de la medicina exclusivamente dentro de los parámetros de las ciencias biomédicas y, por el otro, tuvieron un efecto de depuración al establecer criterios de exclusión para aquellas escuelas que no cubrieran los requisitos establecidos.

El modelo flexneriano puso en primer plano la dimensión biológica de la enfermedad y la atención al individuo basada en la departamentalización del conocimiento y la especialización de la práctica médica. Con este suceso se dejaba atrás, entre otros enfoques, al modelo higienista, donde lo social, lo económico y político eran elementos constitutivos y fundamentales de la educación y la práctica médicas.

Un segundo gran momento para la educación médica mexicana, aunque no se trate de un proceso de acreditación, se produjo a finales de los años sesenta y durante la década de los setenta. Dos signos marcaron los espacios educativos médicos de la época. Un incremento sin precedentes en el número de escuelas de medicina en el país y una tendencia a la innovación curricular y pedagógica en la enseñanza de la medicina.

El crecimiento del número de escuelas puede explicarse por lo menos desde dos puntos de vista. Por un lado, como respuesta a la enorme demanda de educación médica proveniente de los estudiantes egresados del nivel medio superior; que a su vez era el resultado del crecimiento explosivo de la población registrado en México a partir de la industrialización del país en los años cuarenta. Por el otro, como resultado del apoyo gubernamental que, a través de su política social, fomentó la expansión de la cobertura de la educación superior en general y la educación médica en particular.

La innovación curricular y pedagógica puede explicarse desde otros puntos de vista. Los años sesenta y setenta fueron el escenario de una gran ebullición y crítica sociales hacia el modelo económico y político del Estado Mexicano. La educación médica por su parte, se convirtió en el foco de atención que concentró las críticas a la educación y a sus fundamentos.

Se puso de manifiesto que la enseñanza de la medicina estaba orientada a formar médicos que desconocían los procesos sociales dentro de los cuales los individuos se enferman y mueren. La ciencia y su filosofía positiva, telón de fondo y justificación teórica de este "desconocimiento", fueron atacadas con una fuerza inédita en la historia del pensamiento mexicano.

La educación médica científica, envuelta en esta ola de críticas, fue acusada de reducir a lo biológico los componentes psíquicos y sociales de la salud y la enfermedad. Fue acusada también de carecer de un enfoque para la aproximación a la salud y la enfermedad como fenómenos colectivos, histórica y socialmente determinados.

Por otra parte, se le censuró el hecho de minimizar las diferencias que los estados de los individuos presentan por causa de su clase social, actividad productiva, sexo y grupo etáreo. Ante esta situación de hipercrítica social, un importante sector de la educación médica mexicana respondió con innovaciones curriculares y pedagógicas.

Durante la segunda mitad de la década de los ochenta el gobierno mexicano empezó a girar, lenta y gradualmente su acción política de "Estado de Bienestar" - establecida en el país desde la década de los 40- hacia el liberalismo económico. De manera progresiva, fue retirando su intevención en la economía y el sector financiero. Se trataba de liberar las fuerzas del mercado y provocar un incremento de productividad por efecto de una competencia libre de regulaciones estatales.

La dinámica social y política de la década de los noventa se ha configurado desde la lógica de la globalización de la economía. Los principales cambios de nuestro tiempo pueden leerse, en afinidad con esa dinámica, a través del impacto de nociones como: eficiencia, calidad y excelencia.

La educación médica mexicana, por causa del Tratado de Libre Comercio, se encuentra en el umbral de una nueva época donde competirá con las escuelas de medicina de los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá. Si deseamos conservar nuestros espacios dentro del nuevo ámbito de la educación médica globalizada, estamos obligados, necesariamente, a mejorar permanentemente la calidad de nuestra educación y nuestra práctica médicas.


El programa de calidad de la educación médica de la AMFEM
Ante las exigencias nacionales e internacionales en relación a la calidad, la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina se dio a la tarea de elaborar su propio planteamiento de calidad. En ese sentido, el primer paso fue conjuntar los elementos para construir una visión de conjunto del estado actual de la calidad de la educación médica en México. Con base en ese primer punto de vista, se plantearon las posibles etapas, contenidos y estrategias de acción para construir un programa de calidad de dimensiones nacionales.

Un elemento central que rigió el proceso desde sus inicios, fue el acuerdo de que cada uno de los elementos que conformaran el programa de calidad, así como el orden en que se estructuraran y las estrategias empleadas deberían pasar por el consenso del conjunto de directivos que constituyen la AMFEM.


Proceso de elaboración de indicadores de calidad
El Comité de Planeación de la AMFEM programó una serie de reuniones para delimitar el marco de referencia que integraría los elementos para el proceso de acreditación de las escuelas y facultades. Como producto de esta actividad se logró un conjunto de definiciones básicas y se delimitó el contexto de la acreditación.

En relación a los conceptos básicos de acreditación, se presentó un cuestionario que, de ser consensado, sería el material básico para la elaboración de indicadores de calidad. Los conceptos fueron efectivamente consensados y, de esa manera, se obtuvo el listado final de áreas que conformarían los elementos para la evaluación de la calidad de la educación.

En la Reunión celebrada por la AMFEM en la ciudad de Mérida, Yucatán, en el año de 1992, se iniciaron actividades para los siguientes aspectos:

  1. ¿Cuáles son los criterios que se pueden establecer para evaluar la calidad del perfil profesional del médico general?
  2. Escenarios probables de la práctica médica en los próximos 20 años.
  3. Dadas las características cambiantes de los escenarios de la atención médica ¿cuáles serían los criterios de calidad para evaluar la capacidad de adaptación a los mismos de una Escuela de Medicina? 3a. ¿En este momento, qué medidas podrían implantarse en su escuela que tendrían un máximo impacto en calidad?
  4. Para iniciar un proceso de acretitación es necesario contar con un organismo coordinador del mismo. ¿Quiénes deben formar parte de ese organismo coordinador?
  5. 4a. ¿Debería ser la AMFEM el grupo coordinador de este organismo?
    4b. ¿Cuáles serían las características de este organismo encargado del proceso de acreditación de las Escuelas y Facultades de Medicina?
      • AUTÓNOMO
      • NO GUBERNAMENTAL
      • SIN AFÁN DE LUCRO
      • REPRESENTATIVO
      • ÚNICO
      • DE AFILIACIÓN VOLUNTARIA
      • FINANCIAMIENTO AUTOSUFICIENTE
      • OTRAS
  6. 4c. ¿Cuáles serían las fuentes de financiameinto para el proceso de acreditación?

  7. En relación a los productos obtenidos, es de destacarse lo siguiente: los criterios identificados para evaluar la calidad del perfil profesional del médico general, así como los grados de importancia asignados a cada uno de ellos, encontraron un alto nivel de consenso.

  8. En relación a los escenarios posibles que fueron generados en la consulta y el grado de probabilidad que le fue asignado por la consulta plenaria, se presentó un insólito caso de acuerdo (65 %) en la probabilidad (80 %) de ocurrencia en relación al primer escenario, incluido en el anexo.


Constitución de los indicadores de calidad
Los indicadores fueron el producto del trabajo sobre el documento denominado Conceptos Básicos para la Evaluación y Acreditación de Escuelas y Facultades de Medicina que fue presentado en carácter de preliminar en la Reunión de Mérida. En éste se presentaron 73 indicadores, algunos de ellos con varios subincisos, agrupados en los siguientes diez rubros:

  1. Bases generales y objetivos educativos.
  2. Gobierno y orientación institucional.
  3. Plan de estudios y estructura académica.
  4. Evaluación del proceso educativo.
  5. Alumnos.
  6. Profesores.
  7. Coherencia institucional.
  8. Recursos.
  9. Campos clínicos.
  10. Administración.

Para cada uno de los indicadores se presentaron una o dos categorías, que también serían objeto de acuerdo y consenso. Las categorías, marcadas con las primeras letras del alfabeto, contienen los siguientes elementos:

En relación al rubro No. 1. Bases generales y objetivos educativos, se fundamentó que toda institución que desee incorporarse al programa deberá demostrar que sus objetivos educativos están claramente establecidos y permiten formar médicos generales capaces de:

En este rubro se presentaron 9 indicadores, todos ellos aceptados con muy alto grado de consenso en cuanto al concepto y la categoría asignada.

En relación al rubro No. 2. Gobierno y orientación institucional que se fundamenta en el hecho de que la escuela o facultad interesada en acreditarse, deberá estar integrada a una universidad o institución de educación superior legalmente reconocida, que garantice un ambiente académico propicio para la investigación científica, el desarrollo intelectual y cultural del futuro médico, se obtuvieron los siguientes resultados:

El rubro fue dividido en dos indicadores, con un total de 8 subincisos. Todos ellos aprobados con un 100 % de acuerdo en el concepto, así como con la categoría asignada.

El rubro No. 3. Plan de estudios y estructura académica, se fundamentó en el planteamiento de que el currículum es un conjunto coherente de actividades académicas, diseñado para dotar al egresado de una educación profesional de carácter panorámico que permita el ejercicio competente de la medicina general.

En relación a éste, se presentaron 8 indicadores con un total de 48 subincisos, aceptados en su totalidad, muchos de ellos casi con el 100 % de acuerdo tanto con el concepto como la categoría propuesta.

El rubro No. 4. Evaluación del proceso educativo, donde se planteó que toda institución dedicada a la formación de médicos, deberá poseer un sistema de evaluación y que dicho sistema abarcará tanto el aprendizaje de los alumnos como el desempeño de la institución misma; se presentaron dos indicadores con un total de 13 subincisos. La aprobación de los directivos tanto para el concepto así como para la categoría asignada, fue similar a los rubros anteriores.

El rubro No. 5. Alumnos, se sustentó en el hecho de que para ingresar a una escuela de medicina, los alumnos deberán acreditar los estudios de bachillerato o la educación media superior en una institución educativa legalmente reconocida. El rubro presentó un total de 16 indicadores con un subinciso en una de ellas. Los resultados fueron similares a los anteriores.

El rubro No. 6. Profesores, se fundamentó en el hecho de que los profesores deben poseer logros académicos consistentes con la categoría y nivel de su nombramiento, un conocimiento competente y general de su disciplina, un grado académico superior a bachiller, capacidad para apoyar o contribuir a la investigación científica, originalidad para resolver problemas, pericia, aptitud para servir como modelo a los estudiantes, vocación docente, formación pedagógica y disposición para trabajar en equipo; además de la conveniencia de que el conjunto de los profesores cuenten con estudios de posgrado con reconocimiento universitario.

Para este rubro se presentaron 9 indicadores que fueron aceptados por los directivos de las escuelas de medicina, así como también las categorías asignadas.

Para el rubro No. 7. Coherencia institucional, se estableció que la institución educativa y las instituciones de salud afiliadas, deben concebirse como un espacio coherente donde el trabajo conjunto, la creatividad y el libre debate de las ideas confluyan en las actividades: educativas, de investigación y atención, para diseminar el saber existente y generar nuevos conocimientos de importancia para la salud y el bienestar de la humanidad. Dentro de este rubro se presentaron 9 indicadores. El resultado fue similar a los anteriores.

Recursos fue el rubro No. 8, que se dividió en: financieros, infraestructura general, biblioteca, centro de cómputo y centro de idiomas. El rubro se dividió en 5 indicadores, además de 4 subincisos, que tuvieron una aceptación muy alta tanto en los indicadores como en las categorías asignadas a cada uno de ellos.

El rubro No. 9. Campos clínicos estableció que éstos son los recursos orientados a proporcionar la enseñanza clínica a los estudiantes de medicina, e implican tanto hospitales, cuanto los centros de atención ambulatoria, y pueden pertenecer a la propia institución educativa o al sistema nacional de salud. En este rubro se presentaron 13 indicadores con 3 subincisos adicionales. Todo ellos fueron altamente aceptados.

Administración fue el último rubro y se sustentó en que la institución educativa debe contar con oficinas y profesionales, secretarias, técnicos y personal de intendencia, mantenimiento y vigilancia. La administración debe estar al servicio de la vida académica y asegurar el funcionamiento eficiente garantizar el suministro oportuno de los insumos requeridos en la docencia e investigación y proporcionar un mantenimiento preventivo. Además debe asegurar el manejo óptimo de los recursos y evitar el dispendio. El rubro sólo presentó una categoría que fue aceptada de manera similar a los anteriores.

El resultado general sobre los 10 rubros de indicadores, a través de la técnica "Delfos" fue un consenso de 68 %, considerado muy alto dentro de la metodología de trabajo empleada.

Elaboración de estándares de calidad
Una vez consensados los indicadores, el Comité de Planeación de la AMFEM se dio a la tarea de elaborar los estándares de calidad para cada uno de ellos. Con cada uno de los indicadores se elaboró una norma que las escuelas y facultades deberán cubrir para lograr su acreditación. Estos son estándares de calidad.

La elaboración de los estándares fue una tarea que comprometió todas las áreas que constituyen el proceso educativo médico y demandó la experiencia y conocimientos de los miembros de el Comité de Planeación en las áreas de:

  1. Diseño curricular. En esta área se trabajaron estándares en cuanto a fundamentación y planteamientos curriculares, sistemas de enseñanza, sistemas de evaluación.

  2. Proceso de enseñanza-aprendizaje. Esta área demandó un conocimiento profundo del proceso de aprendizaje, así como de la práctica docente.

  3. Administración educativa.

  4. Relaciones insterinstitucionales e intersectoriales. Desde esta área de experiencia y conocimiento se elaboraron los estándares que norman las actividades de profesores y alumnos en espacios comunes de las escuelas y campos clínicos del Sector Salud mexicano.

Una vez establecidos los estándares fueron presentados a los directores miembros de la AMFEM, en la Reunión celebrada en la Ciudad de Torreón, Coahuila, durante el mes de octubre de 1993. Los estándares fueron analizados, comentados y se elaboraron ajustes en relación a la forma en tanto que el contenido ya había sido consensado en la reunión de Mérida, Yucatán. El resultado final de esta actividad fue la aceptación de los estándares con un alto consenso por parte de los miembros de la AMFEM.


Elaboración de instrumentos de medición
Una vez conformados los estándares, el Comité de Planeación enfrentó la tarea de diseñar un instrumento que permitiera medir objetivamente, para cada uno de los estándares, su grado de cumplimiento. Esta tarea, de nueva cuenta, demandó del Comité de Planeación, la utilización de toda su experiencia y conocimientos para resolver problemas técnicos de muy diversa índole, relacionados con aspectos académicos y administrativos; cuestiones pedagógicas, curriculares, didácticas; matrícula escolar, espacios, equipo, recursos, entre una infinidad de aspectos.


Procedimiento de acreditación
Una vez concluidos los intrumentos de medición, el Comité de Planeación elaboró los procedimientos de acreditación. Estos procedimientos parten de la existencia de los estándares de calidad y presuponen, también, la existencia de los instrumentos de medición.

El primer aspecto a considerar en la acreditación es quiénes serán los encargados de definir cuáles escuelas y facultades se consideran acreditadas. Al respecto quedó establecido que, de acuerdo con los datos del consenso realizado en Mérida, en el cual se consideró que las instancias que podrían realizar el proceso de acreditación serían: la AMFEM, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Salud, se propuso la constitución de un Comité de Acreditación constituido por:

    El presidente de la AMFEM.
    Dos miembros del Consejo Directivo de la AMFEM (los vocales).
    Tres directores que sean miembros actuales del Comité de Planeación de la AMFEM.
    Tres directores que no hayan sido miembros del Comité de Calidad, y que representen al Norte, Centro y Sur del país.
    Un representante de la Secretaría de Salud.
    Un representante de la Secretaría de Educación Pública.

Este Comité de Acreditación será seleccionada por el Consejo Directivo de la AMFEM, el cual es a su vez electo democráticamente por la Asamblea de Directores, máxima instancia directiva de la Asociación. Además de el Comité de Acreditación se requerirá de un Coordinador Ejecutivo y un equipo de profesores investigadores.

Los procedimientos de acreditación, definen también las funciones de cada una de las instancias, además de los perfiles de cada uno de sus miembros.

En cuanto a los recursos para la gestión de el Comité se propuso que, de acuerdo al consenso realizado en Mérida se recurra a las siguientes vías de financiamiento.

    a) Pago por servicio.
    b) Cuota por escuela.
    c) Subsidios.

Se propone para el inicio, que cada escuela o facultad que solicite la acreditación cubra los gastos que esa actividad demande.


Manuel López Cotilla 754, Col. Del Valle, CP 03100
Deleg Benito Juárez, Tel. y Fax.: 5682-9482 y 5687-9323
amfem@amfem.edu.mx
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